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Cuando el daño cerebral apaga la vista: tipos de pérdida visual tras un ictus

Los efectos visibles tras un daño cerebral adquirido (DCA) suelen captar toda la atención: dificultades para hablar —como la afasia—, hemiplejias o problemas de memoria… Pero hay otras secuelas que pasan más desapercibidas aunque sean igual de importantes. Una de ellas es la pérdida de visión de origen neurológico.

No se trata de “problemas y daños en los ojos”, sino de desconexiones cerebrales que impiden interpretar correctamente lo que se ve.

 

¿Cómo se pierde la visión por daño cerebral?

Como comentamos, el proceso de la visión no se produce sólo en los ojos, sino que información visual viaja por el nervio óptico hasta distintas zonas del cerebro, especialmente el lóbulo occipital, que actúa como nuestro “centro de procesamiento visual”. Si esa zona sufre daño —por ejemplo, tras un ictus—, la capacidad de ver puede alterarse de diversas formas. Dicho de otro modo, imagina un cable que conecta el globo ocular con la parte del cerebro que interpreta la información que vemos; el ojo sí puede ver correctamente, pero cuando la imagen pasa por ese “cable” llegando al lóbulo occipital que debe interpretar las imágenes, éstos no leen bien la información porque sí han quedado dañados tras el DCA.


A la derecha, las líneas negras señalan el lugar de la lesión. A la izquierda, visión de ambos ojos según lesión.

 


 

Aquí te explico los casos más comunes:

 

 

1.  Ceguera cortical

Es la pérdida total o parcial de la visión causada por una lesión en la corteza visual del cerebro, es decir: los ojos funcionan, pero el cerebro no puede interpretar lo que éstos ven.

Ejemplo: Ana sufrió un ictus en ambos lóbulos occipitales (que son, por decirlo así, las zonas del cerebro que interpretan lo que vemos). Así, sus pupilas reaccionan a la luz, pero ella no puede ver nada. Dice que todo está “negro”. Es una ceguera completa, pero de origen cerebral.

 


2.  Hemianopsia homónima

En estos casos, se pierde la visión del mismo lado en ambos ojos: derecho o izquierdo. Suele ocurrir cuando el daño afecta sólo uno de los hemisferios del cerebro.

Ejemplo: Luis tuvo un ictus en el hemisferio izquierdo. Desde entonces, no ve nada en el campo visual derecho de ambos ojos. Si alguien se acerca por su derecha, no lo va a ver, y al leer, se salta la mitad de las frases.


Hemianopsia homónima derecha

 

 

 

3.  Cuadrantanopsia

Es similar a la hemianopsia, pero más localizada: se pierde un cuarto del campo visual, ya sea superior o inferior.

Ejemplo: Clara, tras su ictus, no ve el cuadrante superior derecho de su visión. Al subir escaleras, tropieza con frecuencia porque no percibe bien los escalones.

 

 

 

 

4.  Escotomas

Son zonas pequeñas o medianas del campo visual que desaparecen, como manchas ciegas. Pueden pasar desapercibidas al principio.

Ejemplo: Mario ve bien en general, pero al mirar a la cara de alguien, no le puede ver ojos. Es como si hubiese un hueco en medio, un punto ciego: su cerebro ha perdido una parte específica del campo visual.

 

 

 

5.  Negligencia visual (inatención espacial)

Esta se relaciona más con el lóbulo parietal. Se da cuando el cerebro ignora un lado del espacio, aunque físicamente pueda verlo. Es común tras ictus en el hemisferio derecho.

Ejemplo: Marta se maquilla solo la mitad derecha de la cara. No es que no vea la izquierda, sino que su cerebro no le presta atención, la anula. También choca con puertas o muebles del lado izquierdo.

 

 

 Izquierda en gris (ignoración) - Derecha en color (atención normal).

 

 

 

La importancia del diagnóstico

Estas pérdidas visuales no siempre se detectan de inmediato. ¡Imagínate que alguien despierta de un ictus con afasia, no pudiendo hablar! Le suma un grado de dificultad al diagnóstico, ya que ni siquiera podrá comunicar los daños que nota en su campo de visión.


Algunas personas no son conscientes de su déficit (esto se llama anosognosia). Por eso, una evaluación neurológica y oftalmológica completa es clave tras un ictus o lesión cerebral; los médicos deben chequear siempre las vista tras DCA y asegurarse de que no ha quedado dañada.

 

Además de estas alteraciones de campo visual, existen otras “cegueras corticales” más selectivas —como la acromatopsia (visión sin color), la akinetopsia (dificultad para percibir el movimiento), la prosopagnosia (problemas para reconocer rostros) o la simultanagnosia (incapacidad de integrar la escena completa). Aunque menos frecuentes, pueden afectar seriamente la comunicación y la vida diaria, por lo que también merecen una evaluación especializada.

 

 

¿Se puede recuperar la visión?

En algunos casos, con rehabilitación visual, terapia ocupacional y ejercicios específicos, se pueden recuperar habilidades visuales o encontrar estrategias para compensar las pérdidas. La plasticidad cerebral permite que otras áreas del cerebro asuman funciones dañadas, aunque el proceso puede ser lento y variable.

 

¿Cómo influyen estas alteraciones visuales en el lenguaje? — Conexión con la Afasia

La visión y el lenguaje comparten rutas cerebrales y tareas cotidianas: leer, escribir, reconocer gestos faciales o situar de dónde proviene la voz de un interlocutor. Cuando a la afasia se le suma una alteración visual neurológica:

·        Lectura · Una hemianopsia puede hacer que la persona se salte la mitad de las frases; un escotoma central dificulta reconocer letras.

·        Escritura · Si no se percibe correctamente la línea o los márgenes, la escritura se desorganiza.

·        Comprensión gestual · La negligencia visual puede impedir captar expresiones faciales o miradas de apoyo.

·        Atención compartida · En terapia de afasia se suele usar señalización visual; un escotoma o cuadrantanopsia puede hacer que la persona ni siquiera vea el estímulo.

En rehabilitación es crucial que el logopeda y el terapeuta ocupacional trabajen coordinados: adaptar los materiales (por ejemplo, ampliar margen izquierdo para un paciente con negligencia derecha) y entrenar estrategias de “scanning” ocular antes de iniciar las tareas de lenguaje.

 

En conclusión

Después de un daño cerebral, ver no siempre significa comprender lo que se ve. Las alteraciones visuales tienen un gran impacto en la vida diaria y, aunque los demás no puedan verlas, hay que prestarles atención y trabajar en las soluciones. Reconocerlas y tratarlas adecuadamente es un paso fundamental en el camino de la recuperación.

Dime, ¿conoces a alguien que sufra de estas secuelas del DCA?

¡Te esperamos en nuestro próximo artículo!

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